Caminamos Sur América: Chile, caliente y frío

jueves, 23 de agosto de 2012

Chile, caliente y frío


Cuando salimos de viaje llevaba conmigo el sueño de conocer Chile, un país que me vendieron como el más desarrollado de nuestra región, como la cuna del sistema económico reinante de la actualidad, y como el modelo a seguir si se quiere acabar con la pobreza cruel que afecta a nuestros países. La frontera la pasamos de día, en un bus de 20 dólares y 7 horas que salió de Mendoza a las 9 am, y que cruzó Los Andes justo al lado del Aconcagua.  Llegamos  como a las 3pm a Viña del Mar, la Capital turística chilena, y llegamos asombrados por las excelentes carreteras, por los pueblitos uniformes con casitas iguales todas en fila, todas con antena satelital, todas junto a un Mall o a un Falabella o al menos junto a un Home Center.

En viña encontramos un hospedaje por 15 mil  pesos chilenos o 15 lucas, que serian unos 30 dólares. Era lo más barato del lugar y aun así fue lo más caro que habíamos pagado hasta entonces. Luego, fuimos a comer y gastamos 15 dólares en unos burritos. Asustados por nuestras decrecientes finanzas nos fuimos a hacer mercado para desayunar y almorzar y nos gastamos 10 lucas o 20 dólares, y ahí lo confirmamos, el capitalismo y su desarrollo sintético se pagan caros.

Esa misma tarde salimos a caminar por las calles de Viña, no hacía tanto frio, y el atardecer prometía. Conocimos alguna iglesia, un par de parques, la avenida del malecón, nos sentamos en los espolones, vimos mucha gente trotando y montando bici, y nos encontramos enamorados de esa ciudad, de ese mar y de un atardecer que no vimos porque se forma una especie de nube sobre el océano que te tapa el sol. Caminamos hasta el anochecer viendo entrar la marea por los canales de la ciudad, nos acompañó un perrito de la calle, uno más que se nos acerca y nos acompaña, parecía cuidándonos, parecía buscando un abrazo.



Pasamos por varios castillos de origen alemán y árabe, y mientras disfrutábamos de la extraña sensación de caminar seguros aunque solos, de noche por una ciudad desconocida que huele a mar, y tan cómodos como nuestros zapatos nos lo permitieran, me llegó un recordatorio de la humanidad: dirigida como un dardo, una hoja tamaño carta atravesó la avenida y raspó el piso antes de levantarse y clavarse en un arbusto, la vi a lo lejos en su recorrido, luego, cayó en la acera por donde cruzaríamos; leí de lejos que era la carta de despido de un trabajador, no decía cuanto había trabajado, pero la indemnización eran  doce lucas, doce mil pesos, veinticuatro dólares, menos que nuestra noche de hostal. Me acordé de las clases de Beto y de las decisiones que la humanidad ha tomado en el pasado y que se han convertido en realidades irrefutables que solo existen porque todos creemos en ellas. Esas decisiones inclinaron la balanza en contra de la gente, a favor del capital. En nuestra sociedad tan adicta al trabajo, en la que te defines por tu profesión, y tu honor y valía se definen porque trabajes y cuanto lo hagas y cuanto ganes, valen más los intereses de la idea abstracta del dinero que los de las personas. En ese momento entendí el sentimiento de congoja que me perturbaba desde hacía unas horas cuando visitamos un Mall; vi los ojos de muchos jóvenes y muchos viejos, vi que eran opacos, vi que hay temas que no se hablan, que no se tratan y ni siquiera se piensan; vi lo que significa hacer parte de un rebaño sin saberlo, creyendo en la individualidad pero sin ser un individuo; vi cómo sus espíritus rechazaban la mentira de sus vidas y la esclavitud de sus cuerpos. Si pudiera regresar el tiempo tal vez no habría considerado cruzar esa frontera, porque ahora ya no hay vuelta atrás: Chile, el laboratorio del neoliberalismo me ha convertido en socialista a mi manera, única y que aún está por definirse, y ni les cuento de Ana María, conocida en estas latitudes por sus lecturas, opiniones y preguntas revolucionarias.

Regresamos al hospedaje cansados, con mucho sueño y la cabeza atiborrada de sensaciones. Al día siguiente pasamos el día en paz, cocinamos y disfrutamos de una buena cama todo el día; y en nuestro tercer día en Viña nos fuimos en un Tour a conocer Viña y Valparaíso. Recorrimos sitios muy bonitos que fueron realmente lindos por el ánimo y amabilidad de nuestro Guía; Visitamos el antiguo estadio de futbol de Viña, célebre porque fue sede del primer mundial de fútbol, y porque allí jugó el dream team de Colombia en los 90s, (los chilenos idolatran al Pibe, a Asprilla,  a Rincón, al Tren Valencia, a Higuita y al resto del equipo que le metió 5-0 a Argentina, y evocaban el momento en que cantaron tan dulces goles.) Luego conocimos un Moai, una de esas cabezas de Isla de Pascua o Rapa Nui; visitamos el Reloj de Flores, Símbolo de la ciudad, y me acordé de mi ciudad y del suyo. 




Fuimos a almorzar a la playa de Reñaca, y ante los precios exorbitantes de los restaurantes nos separamos del grupo del tour y nos fuimos al ahora modesto Subway por un sanduchito. Disfrutamos de ver las olas romper con violencia y luego nos encaminamos hacia Valparaíso, célebre puerto adornado por casitas de colores al borde del abismo, ciudad que fue escogida por Neruda para descansar y escribir. Ahí nos subimos a los elevadores que en mi imaginario identificaban a Chile gracias a las escenas de Diarios de Motocicleta. En ese tour conocimos un poco de Pablo Neruda, sus palabras y la efímera oposición a la dictadura. Sus palabras me hicieron ser consciente que el sueño de muchos, el mío, alguna vez triunfó y fue inmediata y violentamente arrebatado de las manos de la historia.




 

Esa misma noche tomamos un bus hacia La Serena, en el norte, ciudad desde la que partiríamos a visitar el Valle del Elqui. El valle es mitificado como un lugar donde se concentra una energía única, una energía pura y positiva que te invita a la paz, la tranquilidad y la reflexión. También tiene cielos hermosos, de día y de noche; y por si  fuera poco, es un lugar de avistamiento de extraterrestres y demás. La razón parece ser porque ahí se recoge la energía del Himalaya, ya que este lugar es el punto opuesto al Everest en el globo terráqueo, y se dice que esa energía que una vez inspiró a culturas espiritualmente despiertas en Asia, se ha desplazado a occidente y aquí ha encontrado reposo. Pienso que hay muchos lugares así, pero este es sin duda algo especial. A La Serena llegamos como a las 6 am y hacía un frio demencial. El sol salió como a las 9 am y recién ahí empezó a calentar. Recorrimos sus calles y encontramos una ciudad muy organizada y bonita, desayunamos empanadas y nos sentamos en la plaza central a organizar nuestros pensamientos. Estuvimos ahí como tres horas, sin movernos, apenas hablábamos.




Luego caminamos y recorrimos un museo al aire libre, de esculturas en mármol y yeso; fuimos al mercado y luego llegamos al faro, a la playa. Estaba bonita, aunque no era apta para el baño. Al regreso paramos en un Mall para almorzar la pizza más fea de la historia (se llama tele pizza) (Ana dice que el Mall es tan grande y casi calcado de los de Miami) y luego de sufrir la pizza, nos embarcamos hacia Vicuña, un pueblito en el valle desde el que se pueden visitar observatorios astronómicos. 


El camino es hermoso por sus paisajes únicos que parece que fueran a cambiar en cualquier momento y por lo tanto te hacen estar alerta.  En Vicuña no pudimos ver las estrellas porque el cielo decidió cerrarse, y nos tocó resignarnos. Al día siguiente visitamos el museo de Gabriela Mistral y encontramos a una persona de verdad; sin palabras, tal vez Ana escriba sobre ella; solo puedo decir que hay que conocerla. Gabriela se unió al selecto club de artistas guías de nuestro viaje al que ya pertenecían Guayasamín y Neruda.

En Pisco Elqui, como a 1 hora de camino desde Vicuña y 2,5 desde La Serena encontramos un camping muy chévere llamado El Refugio del Ángel. Contentos de poder volver a usar nuestra carpita nos buscamos el mejor lugar y la organizamos. Esa noche volví  a hacer los Chapatis que tanto nos gustan y a medida que avanzaba la noche sentimos como el frio nos amenazaba de muerte. Esa noche apenas dormimos porque en serio estábamos congelados, y lo peor era que había mucha humedad y ese frio se te mete y no sale. En la mañana Ana y yo nos miramos sin atrevernos a salir de las bolsas de dormir y supimos que pensábamos lo mismo: había sido demasiado frio y ahora tendríamos que pedir que nos devolvieran dinero pues habíamos pagado tres noches por anticipado para que nos hicieran descuento. Afortunadamente el Valle nos mandó un rayo de sol directo a la carpa, que se calentó  tanto que empezamos a sudar y ahí pudimos dormir un par de horas a gusto, así que desistimos de la idea de irnos y nos propusimos disfrutar de la estadía, con frio o calor.



Las nubes dibujaban formas extrañas en el cielo: líneas rectas que parecen de aviones pero que se cruzan y hacen cuadrículas en el cielo. El sol  que pega en las montañas de roca las pintaba del color que le daba la gana, y el arrullo del río que corría a escasos metros de nuestra carpa nos hacían por momentos olvidarnos del frio y aventurarnos a conocer. En una de esas se me ocurrió subirnos a una montaña de roca y nos las tiramos de escaladores... luego no podíamos bajar y fue toda una odisea de la que salimos sucios, llenos de tierra y piedras por todas partes.


En el pueblito nos parchamos a vender manillas y a comer helados, obvio que no vendimos ninguna porque estábamos concentrados en comer helados y no más. Decidimos cocinar esa noche unos burritos para compensar todas las calorías de la tragadera de helado y el resultado fue una experiencia: nunca calentar una lata de frijol refrito en el  fuego, ni cerrada ni abierta. No se imaginan, pero la lata expulsa su contenido de manera uniforme, casi que es bonito verlo aunque muy frustrante cuando te das cuenta que ahí quedo la cena, en las brasas.

En el valle leí, mucho, todo el tiempo. Encontré una novela llamada La Sombra del Viento. Inspiradora y adictiva. También me dedique por horas a contemplar el paisaje, a sentir una especie de energía muy sutil pero casi visible, que no se para qué está ahí, porque todo lo que pude fue ver que embellecía todo a su alrededor. El lugar es muy bonito y al imaginarlo en el verano, o en la primavera, quedamos completamente enamorados de ese valle, del rio, del cielo.

Regresamos a La Serena para hacer conexión por la noche hacia Santiago. Mientras esperábamos nos fuimos al Mall a ver Batman. Si no la han visto, vayan, corran, y disfruten. Al final de la peli, la gente se paró a aplaudir como hacía muchos años no había visto.



Como es nuestra costumbre llegamos a Santiago antes de que amaneciera. Hacía un frio tenaz, Ana se enfermó de inmediato. Esperábamos noticias de amigas de Eli que podían alojarnos, pero al no encontrar internet por ninguna parte, decidimos irnos a un hostal. Tomamos un taxi (já ya no digo cogimos un taxi porque por acá eso es una palabra solo para adultos) y llegamos a un hostal que Ana había elegido; se llama La Princesa Insolente, y cuando entramos nos miraron raro. No había cama pa nosotros y estaba más caro de lo que habíamos visto en internet. Por alguna razón parecía que no podíamos o no querían que nos quedáramos ahí. Justo entonces Ana se dio cuenta de lo sugestivo del nombre y encontró que ahí solo había hombres vestidos de princesas y con miradas insolentes, así que iniciamos la retirada. Nos tocó caminar como media hora de hostal en hostal y al fin llegamos a uno en la calle Cienfuegos, estaba bueno y ahí desayunamos y pasamos el soroche durante toda la mañana.


Por la tarde salimos a almorzar en la plaza Brasil, junto al galpón Víctor Jara en un cafecito llamado Crónica Digital, donde te venden unos postres hechos por las mujeres que se resistieron a la dictadura, y donde ponen una música de esa que escuchaban mis padres que habla de protestas, de reivindicaciones, de justicia y de paz, que te da ganas de llorar y que te inspira, que te recuerda que por dentro corre sangre en todas las direcciones y que con estas canciones se calienta. Ahí nos interesamos por el tema de la dictadura, porque ese sitio sirve como recordatorio, para que nunca se olvide el ambiente en el que se forjaron ideas de igualdad y revolución, y que luego la ignorancia y el odio persiguieron y entregaron al olvido.

Esa noche Esperanza y Luis, una pareja de educadores, él chileno y ella colombiana que trabajan educando a los jóvenes de la periferia y en situación de alta vulnerabilidad pasaron a saludarnos, a llevarnos de paseo y a entregarnos las llaves de su apartamento y su hospitalidad. La charla se alargó hasta pasada la media noche, hablamos de la historia, de la dictadura, las esperanzas, de la educación y de las irrealidades del Chile que nadie ve ni conoce; el que esconden porque asusta y plantea incógnitas al exitoso modelo económico y político.

Dormimos en el hostal y al día siguiente nos fuimos en metro al apto de nuestros anfitriones. Nos instalamos y nos sentimos felices de estar como en casa; realmente así nos hizo sentir Esperanza con sus notitas que dejó repartidas por toda la casa y donde nos invitaba a prepararnos rica comida y a disfrutar de ese lugar y de ellos dos. Ana encontró un chocolate y un hermoso mensaje de cumpleaños de parte de Luis y Esperanza y luego de almorzar nos fuimos al centro a conocer, a turistear. Caminamos un rato, disfrutamos viendo a la gente, gente rara, parecían salidos de una película de Wall Street. Conocimos la moneda, el lugar donde murió Allende durante el golpe, vimos su mensaje y sus pensamientos. Pasamos por el mercado central, por la torre de comercio, por la plaza de armas, y finalmente, como derecho de cumpleaños, nos fuimos a Starbucks y tomamos y comimos mientras veíamos la vida de chile pasar a través del vidrio. 





Al regresar al apto, a eso de las 7 y media, nos encontramos con la sorpresa de que Esperanza y Luis habían invitado a dos de sus hijas a festejar el cumple de Ana, ahí fue donde conocimos a Carola, a Amaru y a Amparito, a Daniela, a Roberto y a Antonia, Ahí compartimos con ellos y hablamos sin parar hasta que una vez más, la media noche nos mandó a dormir. Así, Ana tuvo un hermoso cumpleaños, un día completo para ella y de postre, tuvo su torta, sus velas y la cantada del Feliz Cumpleaños a la chilena.


Al día siguiente hicimos nada, disfrutamos de quedarnos todo el día lavando y poniendo nuestras cosas en orden, llamando a la familia, comiendo y viendo los juegos olímpicos, ese día Colombia se ganó una medalla en Judo y la festejamos aunque entendíamos nada del deporte. El viernes después de ver las medallas en las competencias de BMX Ana y yo nos fuimos a encontrarnos con Andrés y Marcela, nuestros queridos y extrañados amigos, que habían llegado a Santiago después de un viaje maratónico como de 45 horas(o algo así, me parece que puede ser más), para saludar, despedirse y arrancar hacia su nueva vida en Montevideo. Almorzamos con ellos y Conocimos a la mamá de Marcela, con la que entablamos una conversación sobre la dictadura y la transición vigilada hacia la democracia que nos dejó sin aliento y sudando. Resulta que la dictadura en cabeza de Pinochet, luego de acribillar a la oposición política se inventó una constitución política, diseñada para mantener el sistema económico y político tal y como lo habían impuesto los militares. Esa constitución no ha tenido mayores cambios, a pesar de que gran parte de la sociedad civil los ha pedido, la constitución de Pinochet y su régimen de terror se mantienen casi intactos. La transición hacia la democracia, luego del triunfo del NO en el plebiscito, fue sumamente vigilada por los militares que aun mantenían su poder excesivo, y que se habían acostumbrado a hacer de las suyas durante décadas, sin que ninguna ley o juez les hiciera actuar con honor. Los siguientes gobiernos democráticos fueron de concertación, donde los dos partidos mayoritarios se repartían la presidencia con cuidado de no hacer mucho alboroto para que los militares no fueran a tomarse otra vez el poder a las malas.

Así, no cambiaron cosas de fondo, de estructura, y hoy Chile sigue viviendo política y económicamente casi como en la dictadura. No aguantamos más e hicimos planes para visitar el famoso museo de la memoria ese mismo sábado.

Fuimos con esperanza, Luis, Carola y Amparito (Guía experta de 8 años) y recorrimos un edificio lleno de historia y sentimientos. Conocimos los momentos del golpe y el ataque cobarde sobre la moneda. Los milicos bombardearon la casa presidencial con aviones y tanques, y adentro solo estaba Allende, con una pequeña guardia presidencial. Escuchamos su discurso, los pocos mensajes que envió al pueblo chileno, la desesperación en su voz; vimos las imágenes del bombardeo y los terribles comunicados de Pinochet donde amenazaba con matar a cualquiera que intentara protestar o acercarse a defender al presidente. Fue un golpe terrible que dejó en pánico a todo un país, que le cortó la lengua a cada ser humano.


Luego vimos como Pinochet rechazaba la idea de un gobierno democrático, porque decía que así volverían los comunistas al poder. Dijo que por el bien de chile, el gobierno sería de él y su cúpula militar, y entonces empezó  la cacería de brujas contra cualquier ser pensante que pudiera oponerse. Mataban gente en las calles, había cientos de centros de tortura, exterminaron a personas asiladas al interior de embajadas, mataron artistas, profesores, mataron a aquellos militares con sentido común y un poco de dignidad, masacraron las ideas y los cuerpos y nadie hizo nada. En todo el mundo muchos admiraron a Pinochet; me gusta pensar que lo hicieron por ignorantes, que fueron engañados y aún lo estarán, porque lo que hubo en Chile fue un crimen contra la humanidad, un crimen que quedó impune, y que sus víctimas no tienen el derecho de llorar.

Pasamos a la sala sobre los desaparecidos y asesinados por la dictadura, y ahí si que es imposible guardar las lágrimas. Se siente uno impotente, se siente uno cobarde, te das cuenta que muchos prefieren olvidar para no verse en el espejo.

La parte final del museo trata sobre el fin de la dictadura y la victoria de un plebiscito apoyado por artistas y jóvenes que salieron a las calles a recibir bolillo y a pregonar la necesidad de un cambio. Lo que vino después, es lo que tenemos hoy, y recordar que todo empezó porque los gringos buscaban un laboratorio para probar su modelo neoliberal desarrollado por la Escuela de Chicago, me hacer hervir la sangre. Cuanta injusticia, cuanta codicia.

Gracias a este viaje conozco otras realidades, no las mentiras que en Colombia me mostraron los noticieros. Aquí pasan cosas que en Colombia tienen otro tinte. En todo el mundo los medios nos manejan y nos dicen que pensar. Hay que viajar, no basta con leer.

Acabamos nuestra estadía en Santiago recorriendo lugares muy bonitos, barrios llenos de restaurantes, con parques amplios y avenidas de muchos carriles y andenes de 2 metros de ancho. Disfrutando del metro e indignados de no tener uno en Bogotá. Vimos una cara hermosa de Santiago, no había pobres, solo sonrisas. Anduvimos con nuestros amigos, anduvimos en familia, nos  sentimos en casa.





El martes saldríamos para Valdivia, conocida como la ciudad más linda del país. Viajamos 10 horas en dirección al sur, llegamos y llovía. Aun así salimos a turistear bajo  el aguacero, conocimos el péndulo de Foucault, el mercado, un submarino y una torre como las del ajedrez. Comimos rico y conocimos a Poska, una viajera más loca que una cabra, buena onda. Solo nos quedamos una noche, al día siguiente debíamos partir hacia Argentina, con destino a Bariloche, con muchas expectativas y dejando atrás a un Chile frio y caliente, que nos hizo sentir en casa y que nos enseñó sobre los peligros del poder, sobre la capacidad del ser humano para esclavizar y perder el corazón. Gracias a nuestros amigos y familia en Chile, estarán siempre en nuestros corazones y pensamientos.







2 comentarios:

  1. Negrito me alegra que Ana haya sido feliz en su cumple! Mándale un abrazo grande! La entrada de Mendoza me jugó una mala pasada borrando mi mensaje y me dio malgenio escribirlo de nuevo para decirle que la pensé y extrañé, por eso migré por aquí para darles un saludo. Como le escribieron en esa entrada, más vale tarde que nunca!
    Un abrazo para ti también, espero la entrada sobre Bariloche, para donde tu tocayo de cumpleaños se va con mi mamá a pasar su 5 de diciembre.
    Yo te escribo entre anexo 1 y anexo 2 de una evaluación de los pueblos indígenas de la SNSM.
    =)
    Adios pues.

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    1. Calidosa, Ana te manda un gran abrazo, y yo un gran beso. Ya vamos llegando, me estoy acercando, no puedo evitar que los ojos se me agüen... un saludo para el gustavinho tb.

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