Caminamos Sur América

miércoles, 5 de septiembre de 2012

Pawraguay y Uruguay no maa


Uruguay no máa



A Uruguay shegamos de mañana, a eso de las 10, desembarcamos en el puerto de Colonia, después de cruzar la desembocadura del Río de La Plata a bordo de un ferri que parecía un avión, con tienda de dutty free y cafetería a bordo y que se demoró una hora y nos costó como 200 pesos argentinos a cada uno. Colonia es un pequeño pueblito de unas 30 cuadras, adornado por casas coloniales, cashes empedradas y un estilo portugués que seguramente refresca la vista en el calor del verano; pero estábamos en invierno y hacía un frio de esos que cortan la piel y se mete bien adentro.  Recorrimos el pueblito a pie, luego supimos que se puede alquilar un carrito de golf por lo mismo que pagas en el guarda equipajes de la terminal, pero bueno un dato pa la próxima. Nos encantó, es muy muy muy bonito, las casas de colorcitos, las cashes de piedras negras, los cafés, los arboles cargados de naranjas, el cielo azul y el río que se transforma en mar. En la contra está que es muy caro, y en invierno muy frio.





Almorzamos en un bonito restaurante y reconfirmamos que la pizza es de lejos lo más barato por estos lados, una vez más me di gusto :). Esa misma tarde tomamos un bus (ojo que aquí no se puede decir cogimos un bus, por alguna razón no tiene sentido) a Montevideo, donde sha nos esperaban Andrés y Marcela con quienes formaríamos por cuarta vez el combo maravisha. Nos alojamos en casa de Marisa la mamá de Andrés, estuvimos a gusto y compartimos con esha excelentes conversaciones. De nuevo en casa de educadores nos sentimos muy acogidos. La Familia de Andrés nos recibió súper bien, así que la primera noche, recién desempacados nos fuimos a la casa de Noelia y Pedro, la hermana mashor y el cuñao, gente muy chévere, de buena conversación y mucha hospitalidad. Más tarde conocimos a "La Bocha", la hermana meshiza de Andrés que, es maestra de escuela y que recuerdo como esas personas que saben que vinieron a vivir, así que lo hacen sin preocuparse.



En esas tertulias que tuvimos en familia pudimos conocer un poco de ese Uruguay que para mi no tenía más cara que la de Forlán y compañía. En Uruguay viven la vida a otro ritmo: no hay prisa para nada, y el ejemplo perfecto es el de la carrera de la vida: mientras que en Colombia salimos profesionales(los que tienen como) a los 24 años, en Uruguay la gente se gradúa después de los treinta. Resulta que tienen universidad pública gratuita, y la gente sale a trabajar apenas cumplen la mashoría de edad y poco a poco van estudiando sus carreras. Así, en vez de 5 años, una carrera se extiende a 15 años. Cuando por fin se reciben (gradúan) a los 36años, sha han trabajado en todo, desde ser camareros, maestros, políticos, etc. La cosa es muy interesante pues todos tienen la posibilidad de estudiar; con tiempo y paciencia todos lo hacen. Así, logras una sociedad con un alto acervo educativo y práctico.


Pasando por el seguro de desempleo, la seguridad social y, la gratuidad de la educación; Uruguay es un país que, por falta de interés externo, no ha sido completamente colonizado por el sistema económico mundial. La razón es que son un mercad muy pequeño, son solo 3 mishones en todo el país (y descendiendo según el último censo), lo que más consumen es carne y mate, y eshos tienen las mejores vacas y dicen que la mejor hierba mate, el tercer producto de consumo puede ser la maría cachafa, y parece que el Estado sha la va a plantar y a repartir entre la población, así que no hay mucho que los gringos puedan ir a venderles. Solo por eso, mantienen sus barreras comerciales, su política de desarrosho social a partir de la educación, y pueden sentirse más privilegiados que los demás del subcontinente. No obstante, la generación de los nuevos burgueses, como la shama Andrés, profesan una simpatía con la sociedad de consumo y el neoliberalismo que pone en peligro la existencia de Uruguay como isla económica: los gringos no han estado tan interesados, pero si los shamás...

En términos culturales, los uruguashos dicen que eshos no tienen cultura, pero sho digo que sí, lo que pasa es que quieren inventarse algo eshos mismos, que no venga de España, o de África o de Italia o de los pueblos indígenas que exterminaron, y no se dan cuenta que eshos al igual que todos venimos de ahí, que esas son nuestras raíces y que solo podemos enriquecernos con eshas. Algo que me gustó mucho y que recomiendo, fue la Murga, una representación musical y teatral popular que se burla de todo, con inteligencia y perspicacia crean consciencia. La murga tiene tanta importancia para los uruguashos que inclusive hinchan por un  grupo como hinchan por el equipo de futbol, cada murga tiene sus seguidores y algunas viven de sus presentaciones. Si quieren conocerla prueben en youtube buscando la murga que se shama "agarrate catalina" y una que trata del urguasho y el mate.


Durante tres días discutimos de muchas cosas, hasta el agotamiento físico. No puedo contarlas todas porque después ¿de qué voy a hablar cuando vuelva a Colombia? Pero aquesho que sí aprendí, y que espero no olvidar, fue que Andrés me mostró que no se trata de hacer lo mejor que se pueda con lo que se tiene, que no basta con verdades a medias o con negociar aguas tibias, no se trata de shegar a un punto medio; se trata de hacer lo que se cree, de buscar la utopía con convicción, porque si siempre descartamos el mejor escenario porque parece imposible entonces nunca lo tendremos, nunca. Se trata de ser valientes y dejar de cacarear migajas; no podemos conformarnos y decir que hicimos lo que pudimos, se trata de buscar siempre el mundo que soñamos sin dudar de que sea posible, eso es tener Fe.

Salimos a recorrer Montevideo guiados por nuestros amigos, Andrés nos mostró cada edificio, parque y plaza, conocimos el centro, el puerto de buceo, caminamos toda la rambla (malecón), cruzamos parques hermosos con patos y aves, observamos el monumento al holocausto judío (sheno de preservativos usados, razón por la cual los uruguashos están en extinción), saludamos a Gandhi y a Einstein, y filosofamos junto a Confucio sobre la armonía y la educación y hasta nos repetimos Batman en el cine. Montevideo fue una ciudad amable y  bonita, por momentos sucia, por momentos fría, pero pensada para que uno viva ahí a gusto, para disfrutar de esha todos los días en bicicleta, o caminando, o trotando por la plasha, comiendo biscochos reshenos de dulce de leche, y tomándose un mate mientras atardece. Mucho más recomendable en primavera o verano, porque hacía un frío bravo.








Volveremos seguramente en una primavera, queda mucho por conocer, ya se va acabando nuestro viaje y vamos apurándole al paso, aunque ahora que se acaba queremos que dure para siempre, somos conscientes que durante seis meses hemos vivido la mayor parte de nuestra vida, cada día cargado de alegría nos ha hecho más jóvenes y me ha hecho crecer la barba, la próxima parada será Asunción, vamos a Paraguay para ver por qué nadie va ahí, ojalá nos llevemos una buena sorpresa.




Pawraguay

Un bus de 19 horas desde Montevideo a Asunción es para nosotros un paseíto corto, increíble como te acostumbras a viajar. El transporte estuvo algo caro, unos 120 dólares cada uno, pero ajá. A Asunción llegamos como a las 9am, con un clima calientito que nos hizo sonreír, extrañamos mucho el calor, creo que sí se es más feliz. Nos fuimos en bus del terminal al centro, el bus te cobra como 2300 guaranís (como 1100 pesos colombianos) y preguntando llegamos al hostal que habíamos reservado, se llama El Jardín, y es de los mejores que hemos pernoctado(cuesta como 12 dólares la noche, caro, pero en asunción no hay opciones baratas). Asunción es una ciudad bonita, con un esplendor añejado por la guerra y el calor, la temperatura llega en verano a 45 grados, y la gente toma Tereré, un mate frio, todo el día. Cargan un termo como de 3 litros y un vasito con el mate.

En Asunción caminamos el microcentro, que es la zona vieja y turística (si es que hay algo que se pueda llamar turístico), almorzábamos en bufetes que ofrecían alternativas vegetarianas, y nos sorprendió que los vegetales tenían sabor, los tomates eran deliciosos aunque pequeños, y la comida era barata (el plato salía a 4500 pesos colombianos, con buen servicio). LA razón es simple, Paraguay se resiste a dejar entrar alimentos transgénicos por asunto de seguridad alimentaria. Aunque yo diría que solo por el sabor, vale la pena.



Fuimos a un pueblito que se llama Araguá, que está  al borde de un lago, no se cual, y tiene un parquesito de agua!


Caminamos y sudamos como si fuéramos de ahí, nos parecemos con los paraguayos, hablamos parecido (sobretodo los costeños) aunque ellos tienen una erre como de gringo hablando español "ewre". Sentado en la plaza, tomando tereré pal calor, me di cuenta que no me sentía como un turista, que me sentía como en Bogotá o en Cartagena, y me gustó. Los tres días que estuvimos pasaron rápido, no hay mucho que contar porque simplemente nos dedicamos a vivir en una ciudad no turística y a sudar y a bañarnos tres veces al día, a comer rico y a dormir temprano. La próxima parada será Iguazú: hemos decidido conocer las famosas cataratas desde ambos lados, desde Brasil y desde Argentina, así que tendremos fotos bonitas en la próxima entrada. Hasta entonces.


jueves, 30 de agosto de 2012

Bariloche y el gran Buenos Aires


De Chile salimos con un sabor agridulce. El país es re lindo, tiene gente muy amorosa, amable y familiar, tiene paisajes increíbles y ciudades hermosas, pero su historia al igual que la de los demás países latinoamericanos ha sido difícil y desafortunada. Me duele Chile, al igual que me dolió Bolivia y Colombia. Pero algo muy bonito fue que conocimos a Gabriela Mistral. Así como dijo Euse, nos encontramos con ella sin prejuicio alguno y fue fantástico. Ella creció en el Valle del Elqui, ese lugar especial que decía Euse, donde las energías se te meten en el cuerpo sin saber como, pero te hacen bien. Fue maestra, diplomática, poetisa, madre de su sobrino pero sobre todas las cosas fue humana. Cuando leí en el museo de Vicuña, las frases que escribía sobre la importancia de la lectura, sobre los niños de su valle y sobre el reconocimiento de los pueblos latinoamericanos, supe que era alguien para especial. Me gusta creer que un país o una sociedad definen su “futuro” en la manera en como tratan a sus niños y a sus niñas. Al final, Gabriela donó parte de sus premios para ofrecer espacios de desarrollo personal y educativo para los niños de su valle. Admirable.

Entonces estábamos en Valdivia, una ciudad preciosa que nos recibió y nos despidió con lluvia. En la mañana tomamos un bus vía San Carlos de Bariloche, Argentina. Como a las 3 horas de camino, empezamos a ver los lagos. Esos lagos que son re famosos por estar en el circuito de los 7 lagos, pero que por cada día de tour en bote te cobran 260 dólares. Sin embargo, ese tour debe hacer algunos tramos en bus, porque hay algunos lagos que no se conectan por agua, por lo que toca hacerlo por carretera. Total, nosotros lo hicimos todo por carretera, y si bien no será lo mismo que por bote, es también re lindo. Montañas nevadas, bosques llenos de nieve y ríos, una naturaleza diferente a lo que habíamos visto antes. Luego, pasamos la frontera sin ningún problema y muy pronto estábamos en Bariloche.





Como muchos nos habían dicho, Bariloche es espectacular. A orillas del lago Nahuel Huapi, la ciudad parece Suiza. Casitas de madera con grandes marcos en sus ventanas, chocolaterías y montañas nevadas. En el terminal cogimos un bus hacia Playa Bonita, que está pasando el pueblo de Bariloche, cerca del Cerro Catedral; un lugar donde hay hoteles para todos los gustos al frente del lago. Llegamos al hostal Alaska. Una casita re típica, con una gran cocina, 2 neveras, sala de televisión y unos buenos cuartos. Estaba fantástico. Nos recibió un grupo de argentinos que van todos los años para la temporada de ski y Naty, la dueña del hostal que nos mostró todo lo que podríamos hacer en Bariloche. Entonces, a gusto en el hostal, se nos pasaron muy rápidamente 4 noches y 5 días. 




Descansamos, paseamos por el centro, subimos caminando el Cerro Campanario, que según NatGeo tiene una de las mejores vistas del mundo y visitamos la Colonia Suiza y su mercado de domingo.

Bariloche me pareció re lindo, pero me parece que no tiene una esencia propia. Es Suiza, con sus lagos, sus canchas de ski, sus montañas nevadas y sus chocolaterías. Es hermosa e impactante la vista desde el Cerro Campanario, donde se ven las pequeñas islitas en los lagos, los bosques tupidos y al fondo por lado y lado muchas montañas nevadas.





Es una ciudad costosa, turística y muy visitada por los esquiadores de temporada. Igual, pasamos felices y recargamos energía para lo que sería el gran Buenos Aires.




Salimos para el capital en un bus a medio día. Pasamos casi 24 horas viendo un paisaje hermoso, toda la pampa argentina, donde hay cientos de kilómetros de terreno plano, fincas ganaderas y muy pocas personas. Argentina es un país inmenso.


A Buenos Aires llegamos como a las 10 am. Nos dirigimos a la oficina de turismo donde nos dieron un mapa y tips de lugares para conocer. Compramos la tarjeta del sistema integrado de transporte que incluye el subterráneo y los micros, y tomamos el metro hasta la estación Independencia en el barrio San Telmo. Ahí caminamos 2 cuadras y llegamos al Hostal Pax, en el que habíamos hecho reserva y era uno de los más baratos, 30 pesos argentinos por noche, a cambio extraoficial 5 USD por persona.


Ese primer día, luego de ducharnos, salimos a buscar almuerzo. Decidimos caminar un rato por San Telmo, barrio bohemio por excelencia, donde hay muchas tiendas de ropa de diseñadores independientes, un mercado muy famoso por sus anticuarios y la Plaza Dorrego donde los artesanos se sientan a vender sus artesanías. Luego de una pizza, que es lo más barato que se consigue en argentina, caminamos hasta Puerto Madero. Y ahí, puedo decir que me enamoré de la ciudad. Demasiado lindo es el antiguo puerto. A lado y lado del río, en la costanera, hay restaurantes, cafés y bares. Sergio Calatrava hizo el famoso Puente de la Mujer, que une los dos lados del río y adorna el paisaje. Paseamos por todo el paseo del puerto, observando la arquitectura ecléctica del centro de la ciudad, y disfrutando del silencio de la zona.



Buenos Aires me sorprendió mucho. Iba con mucha expectativa y salí feliz de haber estado ahí. Es una ciudad que resalta su centro histórico y lo respeta. Limpio, caminable, seguro, hermoso. Recorrimos la avenida 9 de Julio, la más ancha del mundo, como 8 carriles para cada lado. El obelisco que se para en el centro y es punto importante de orientación. Visitamos la Plaza de Mayo, donde está la Catedral, el cabildo y la casa rosada, que me pareció re linda y su color resalta en medio del asfalto. Justo ese día que visitamos el centro histórico, en la plaza había una manifestación de organizaciones civiles que reclamaban al gobierno que se nomina de izquierda, un poco de igualdad. Una de las frases que decían y que nos impactó mucho fue “queremos decirle a nuestra presidenta que con 6 pesos no se come”. Varios líderes sociales hablaron e hicieron mucho énfasis en el aumento de precios de la canasta básica y el desempleo. Luego de escucharlos un poco, seguimos nuestro camino hacia la calle peatonal Florida, que está llena de comercio y de gente cambiando dólares.  Algo que me ha parecido muy importante de las ciudades capitales que hemos visitado, es que cuidan mucho su centro histórico, siempre es limpio, seguro y organizado. Todas: Quito, Lima, La Paz, Santiago y Buenos Aires. Y me pregunto porque Bogotá no es así.





En Buenos Aires nos movimos como peces en el agua. Euse me decía que yo seguramente  antes, en otra vida había vivido ahí porque parecía que lo conocía todo. Me orienté muy fácil y además porque el transporte público funciona re bien. Buses para todo lado, metro que llega rápido y fácil, la verdad que es fantástico.

Estuvimos de compras en los outlets de Palermo, recorrimos un sábado el mercadito de la Plaza Serrano, donde en los bares se tiende la ropa de los diseñadores independientes, y casi me vuelvo loca con los diseños. Hay para todos los gustos y de todos los precios. Palermo es un barrio más sofisticado, de restaurantes y cafés, tiendas y parques. 


También caminamos La Recoleta, plazas de todos los países y la famosa plaza de las Naciones Unidas donde se encuentra el monumento Floralis Genérica, una flor gigante que en la mañana se abre y en la tarde se cierra. Hermosísima. 



La Boca, ese barrio cuyo nombre lo dice todo. Nos pareció pintoresco y demasiado turístico. El Caminito, es el museo al aire libre, las casitas pintadas de colores amarillos, azules, lilas, verdes y rojos. En cada restaurante, una pareja bailando tango y un voceador vendiéndote el menú del día.





Es re lindo caminar por ahí, artesanías, pinturas, todo en la calle.






Además, a unas cuadras de Caminito, está la famosa Bombonera. Pintada de amarillo y azul se siente imponente. Justo ese día que queríamos entrar, no pudimos porque jugaba Boca e Independiente. Una lástima.



Total, pasamos 6 días en Buenos Aires. Nos la caminamos casi toda, recorrimos las principales calles, los monumentos, hicimos compras, tomamos café, comimos pizza y alfajores. Yo pasé feliz. Pude imaginármela en sus años dorados, imponente, hermosa, elegante. Hoy es súper reconocida por el diseño, sus librerías y sus teatros. Y así, yo enamorada de la ciudad, Euse cansado de caminar, nos despedíamos de Argentina (por ahora). Un día en la mañana, tomamos un Buque por el Rio de la Plata con destino a Colonia del Sacramento, en Uruguay, camino a Montevideo donde nos esperaban nuestros amigos Marcela y Andrés. 




Euse ya les contará.
 
Un abrazo,